¿QUÉ HABITOS SON MEJORES DE LOS 8 A LOS 12 AÑOS?

Porque los especialistas en formación y educación en valores opinan que los hábitos de la fortaleza, perseverancia, laboriosidad, paciencia, responsabilidad, justicia y generosidad son los que deben instalarse durante los cuatro años de vida que comprenden el lapso de los 8 a los 12 años. Pues porque en esta edad que es la que antecede a la adolescencia es vital esta serie de virtudes para fortalecer la voluntad del joven y que pueda afrontar más fácilmente esta etapa tan difícil de la vida.

La fortaleza es una virtud que quien la posee hace que se pueda enfrentar a situaciones difíciles, que lo hace resistir de influencias nocivas, hace que soporte molestias y se entrega con valentía en caso de poder influir positivamente, para vencer las dificultades y para acometer objetivos de calibre. El hecho de que al niño se le comience a motivar en afrontar tareas que pueda desarrollar por él mismo, es como comienzan a tener autoconfianza, pues enfrentan y vencen y comienzan a darse cuenta lo capaz que son para hacer determinada cosa y, cada vez que hacen alguno con voluntad independiente, la virtud de la fortaleza se va instalando más eficazmente en su conducta.

Con la su perseverancia llevará a cabo actividades necesarias para alcanzar el objetivo que ha decidido realizar aunque surjan dificultades que disminuyan la motivación personal a través del tiempo que transcurre su acción. Con la perseverancia el niño permanece en la acción se queda en esa banda de trabajo siguiendo el objetivo sin descanso, y comienza a sentir lo benéfico que es y no desmayar hasta terminar. Si ha desarrollado ya su fortaleza, va a ser más fácil que aplique la perseverancia, esta virtud le comienza a rendir frutos para sus primeros logros personales.

Con la laboriosidad podrá ir cumpliendo las actividades necesarias para alcanzar progresivamente su propia madurez natural en el trabajo que actualmente realiza, pero será la piedra angular de sus logros de vida futuros. Con la laboriosidad acometen con más fuerza para alcanzar el propósito, la fortaleza nos enseña a resistir y a acometer, en este caso nos dará fuerza para acometer y lograr. Para los estudios de su escuela primaria, que es la que le corresponde a esa edad, es fundamental ir fortaleciendo la laboriosidad pues le brindará al niño la oportunidad de ir consiguiendo logros escolares escalonados y exitosos.

La paciencia nos permite que una vez conocida o presentida una dificultad a superar o algún bien deseado que tarda en llegar puede soportar las molestias presentes con serenidad. Una de las experiencias que se presentan en esta edad es la impaciencia, el niño quiere que todo se dé instantáneamente, y no soporta que las soluciones tarden en llegar, no soportan la actitud de sus compañeros, la lentitud de su maestro, se impacientan porque la navidad tarda mucho en llegar, porque la hora del recreo o la hora de salida de clases se ve muy lejos, porque la lluvia no cesa, porque su hermanito no deja de hacer ruido, entonces están viviendo múltiples experiencias que si no aprende a vivirlas con paciencia en esta etapa de la vida lo más probable es que en el futuro sean adultos impacientes, provocando emociones negativas que luego le afectará en el trato y en la relación con los demás.

La generosidad hace que el niño actué a favor de otras personas en forma desinteresada y con alegría, teniendo en cuenta la utilidad y la necesidad de la aportación para ciertas personas aunque cueste esfuerzos. Este hábito es muy necesario fomentarlo pues de allí depende que se formen personas solidarias socialmente ya que vivimos en un mundo muy egoísta en donde poco frecuente que una persona se preocupe por otra. Es a esta edad donde es necesario  comenzar a fomentar la generosidad, pues si el niño no la practica va ir desarrollando egoísmo, utilitarismo, es decir, se va a acostumbrar a hacer las cosas a cambio de algo, puede pensar que si no hay un incentivo, premio o algo a cambio, no tiene porque hacer actos de generosidad.

Con la responsabilidad enseñaremos al niño a asumir las consecuencias de sus actos intencionados como resultado de las decisiones que tome y también de sus actos no intencionados de tal manera que los que le rodean queden beneficiados lo más posible o por lo menos que no se perjudiquen preocupándose de que las otras personas en las que puede influir repitan esa conducta. El problema de los padres permisivos es que los jóvenes tomen su vida fuera de todo compromiso a vivir para pasarla bien y entonces estamos fomentando que los hijos crean que todo lo merecen y a nada se obligan, y esto es funesto para el futuro, pues cuando se dan los problemas en la casa, en el trabajo o ante una responsabilidad social nadie asume la responsabilidad y adoptamos la funesta costumbre de buscar los culpables de lo que sucedió.

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Consultor y consejero
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